
Lic. Alejandro Sangiorgio- 31/03/2026
RESUMEN EJECUTIVO
La salud financiera de los hogares argentinos atraviesa un momento crítico, caracterizado por una morosidad del crédito a familias que en enero 2026 registró un nuevo récord histórico. Ahora bien, es dable advertir dos fenómenos relevantes. Por un lado, se verifica una profunda disparidad en la irregularidad crediticia dependiendo del tipo de entidad. En enero 2026, la irregularidad en entidades no financieras (fintech, billeteras virtuales) más que duplicó la mora en entidades bancarias tradicionales: 23,9% vs. 10,6%. Por otro, la mora familiar tiene un perfil marcadamente regresivo: el ratio de irregularidad de los préstamos más pequeños (créditos menores a $1 millón), que es donde se concentran los hogares más vulnerables, casi duplica el registro de atrasos de pagos de los préstamos de mayor monto (créditos superiores a $10 millones):21,9% vs.12,9%.
La morosidad en los créditos a empresas también exhibe un deterioro sostenido aunque a un ritmo más acotado, y si bien el ratio de irregularidad es considerablemente menor que el de las familias, el dato agregado oculta una heterogeneidad que da cuenta de un panorama más complejo del que surge de los registros totales. Cuando se analiza la morosidad corporativa por tamaño de empresa, es posible advertir que en el caso de las grandes empresas, la mora es baja (2,1%), mientras que en el caso de las Pymes la irregularidad de cartera casi quintuplica el registro de las grandes firmas (10,0%). Asimismo, el aumento de la morosidad empresarial se verificó en todos los sectores económicos, independientemente de si la actividad creció o no, aunque aquí cabe notar también la presencia de una importante diversidad entre las diferentes ramas de actividad económica.
Con todo, si bien la irregularidad crediticia fue mucho más acentuada en las familias que en el segmento corporativo, la suba ininterrumpida y persistente de la mora en el crédito al sector privado plantea crecientes preocupaciones en la industria financiera bancaria y no bancaria. En última instancia, el crecimiento de los préstamos impagos es producto de la aún elevada carga del costo financiero en términos reales y de la caída en los ingresos reales de hogares y empresas.
